jueves 27 de noviembre de 2008

Los sueños de un angel gris

Cuando después de nueve meses se olvida quien se fue por dos veces, el hombre en una vida, el ángel a su muerte. Cuando algún santo supremo del cielo, considera que llevamos allí demasiado tiempo, nos entrega un nuevo cuerpo. Es en ese momento cuando realmente fallecemos, a pesar de volver nuevamente a la vida. Hay quien por el paso del tiempo, por las experiencias vividas, relega de la inocencia, y aquella alma blanca que de nacimiento nos precedía, se va tiñendo de negro para volverse tímidamente un tanto más gris.

Llegara el momento en que olvidemos al Ángel, para dar paso a la persona que va naciendo.

Pero yo reniego a dejar marchar la inocencia, consciente de que la melancolía y la nostalgia me embargara un tanto por siempre, será por que quiero concebir y comprender las cosas que nos rodean los que me lleven a soñar e imaginar mundos que a simple vista podrían parecer perfectos, pero que tampoco lo son.

Llego el momento de hacer ver y hacer entender a vista de quien ahora es persona y me ve y no me entiende, cuales son los sueños de un ángel gris. Este que ve, y no teme amar.

miércoles 26 de noviembre de 2008

No consigo recordar que es un hada.

Relato enviado al concurso de microcuentos de la Cadena Ser.

Así al menos es como yo la imagino a ella. Y es que su naturaleza cuanto menos la define así. Esta mujer me embelesa, me absorta con su tierna mirada, con la fijación con que miran sus ojos de color gris.
Me enamora el contoneo de su cuerpo que si bien parece que baile con el aire sin necesidad de portar alas. Magia es lo que desprende su alma contagiada de un sentimiento de felicidad y melancolía que igual la hace reír que llorar. Y es que cuando la veo y estoy con ella no la temo amar.

martes 26 de agosto de 2008

Te extraño...amada primavera

Aquí, donde se halla tu presencia es donde me encuentro, con los ojos bien cerrados estoy seguro de verte caminar a mi lado. Y extiendo levemente mi brazo y cierro mi mano esperando tocar la yema de tus dedos, pero tan solo tanteo el aire... es entonces cuando despierto dentro de mi sueño y se me borra la sonrisa para soltar una lágrima que al contacto con el aire se vuelve fría.

Y levanto la mirada y observo la inmensidad de las ramas de un otoñal árbol, que no es mas que mi alma, al cual el viento le ayuda a desprenderse de sus marchitas hojas. Lamento no haberte entregado una eterna primavera... le susurro

Me agacho y recojo del suelo una hoja, comienzo a girarla entre mis dedos absorto en un pensamiento lleno de melancolía a causa de tu ausencia.


Y es que ansío tanto que estes conmigo, que en mis sueños mi alma es otoñal.

Te echo de menos querida primavera, amada Rocio.

miércoles 28 de mayo de 2008

No sabía que aquel culo era un corazón dibujado en su honor.

MIcrorelato presentado al concurso de cadena SER.

Y es que a causa del nerviosismo que le producía a Miriam ser vista por alguno de sus compañeros de pupitre, propicio que el trazo del centro del corazón fuese mas largo de lo normal. Suerte que no le dio tiempo a escribir el nombre de Miguel, porque si ya pasaba vergüenza mostrando aquellas supuestas nalgas sobre el arrugado papel en clase, peor lo hubiese pasado si Pedrito hubiese gritado que estaba enamorada. Paradojicamente ese amor que sentía por Miguel iba de culo. Nunca mejor dicho.

Manuel Alvarez Molina

miércoles 21 de mayo de 2008

Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado.

Microrelato presentado al concurso de cadena SER

Se levantó de la silla anudando el lazo de su blusón de seda gris. Se asomó a la ventana para observar la ciudad y en el cristal vio reflejado su rostro rodeado de un aire de mediocridad. El rimel teñía de negro sus mejillas a causa de un llanto que no cesaba, al igual que el odio que ahora profesaba por Javier, un mísero encantador que se sirvió del engaño para echar el más vulgar de los polvos y, en un aire de superioridad, mientras se subía la bragueta, confesaba que toda aquella amabilidad había sido fingida.

Manuel Alvarez Molina

jueves 15 de mayo de 2008

Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? —decía Ana

Microrelato presentado al concurso de cadena SER.

Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? —decía Ana con el corazón encogido - Nos amamos, se que nos amamos.

  • ¿Un sueño dices? Dí mas bien una pesadilla. Es injusto hacerte culpable de un pasado del que yo no era participe, y del cual yo me aprovechaba de igual forma que tu, pero a pesar de eso me pueden los celos. - No soporto imaginar que has estado con tantos hombres. Contestó Andrés de la forma mas calmada posible, evitando la mirada de Ana en todo momento.

  • Sabes perfectamente como hacer sentir a una mujer como una puta. Eres un maldito machista que debiera morirse solo. Gritaba Ana furiosa.

Manuel Alvarez Molina

lunes 12 de mayo de 2008

No me escapare de casa por un puñado de dulces.

El centro comercial había quedado en penumbra. El plan que teníamos los chicos y yo nos parecía perfecto, nada nos hacia pensar que algo pudiera salir mal.
Cuando se acercaron las 22:00h fuimos a escondernos dentro del supermercado. Ese era nuestro objetivo. Era el lugar mas grande y fácil para podernos esconder, y “por supuesto” en el que mas podíamos disfrutar una vez que cerraran la baraja del centro.
Pasamos dos horas escondidos debajo de los estantes tirados en el suelo, lo cierto es que estábamos pasando un frió atroz, era invierno y se acercaban las navidades. A pesar de todo, pensar en como nos pondríamos de chocolates dulces y turrones merecía la pena. Pero en alguna ocasión tuve el miedo de que nos escucharan, por suerte no paso nada, el plan estaba saliendo a las mil maravillas.
Apagaron las luces, acto seguido oímos como se cerraba la chirriante baraja del supermercado que la independizaba del resto de tiendas. Los cinco nos levantamos rápidamente de nuestros escondites ¡!Eureka!! gritábamos de alegría.. Encendimos nuestras linternas y corrimos por los pasillos buscando los tan preciados tesoros. Abrimos todas las cajas con avaricia, llevándonos a la boca chocolates, bombones, batidos, y zumos. Saciada nuestra voracidad, pensábamos en que todo había durado muy poco tiempo, que lo que nos habíamos comido nos parecía mas bien poco para llenar nuestros estómagos. De pronto unos ojos se iluminaron en la oscuridad seguido de un gruñido interminable que nos enfriaba la nuca. Era el perro del vigilante. No sabia como acabaría todo. Pero lamenté escaparme de casa por un puñado de dulces.

Manuel Alvarez Molina
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